
Propala ignoracia total después de un vistazo sabio del opaco horizonte fulero. Da la vuelta sobre soledad y titubea, cada paso cautiva a los encuentros desdichados de su afortunado deceso.
Flaquea, lasciva es la tortuosa cognición de un alma vieja fulgurando pasiones admirables en la detestable joven. Embebecimiento primero, reprochable se condena. Pulcro final, absurdo, seco se desvanece.
El mundo esta perdiendo su momento, olvido la belleza y teme… Teme tanto que aniquila.
El camino circulante de un ente a otro carcajea ante la angustiosa vacuidad de los sentidos.
La miseria su cuna, su apellido: Lúpulo, su rey La Mierda; su piedra el diamante; aire su signo… El lema: ¡Has la guerra y jode al peón!
Mira a sus espaldas refugiado bajo las faldas anchas del siglo XXI. La derrota lo alcanzó antes de nacer, es la ceguera de su éxito. Besa en el llanto ergotizado con el jaloneo de los finos cabellos de Mañana, mientras Ayer atraviesa en rojo Siberia.
Habita en la mirada de cada uno de nosotros, pocos lo observamos, menos lo escuchamos, privilegiados los que al tacto perciben su textura, pero su sabor… Solo los cuerdos del encierro.
Yo le suprimo con el afán de un niño en sus preguntas, el sobreprotege su indiferencia, y reincidimos.
Hoy los cerrare y frente al espejo mirare sobre la pupila dilatada si en mi hombro su cabeza encontró paz.
Este es, si conoces el nombre…
Flaquea, lasciva es la tortuosa cognición de un alma vieja fulgurando pasiones admirables en la detestable joven. Embebecimiento primero, reprochable se condena. Pulcro final, absurdo, seco se desvanece.
El mundo esta perdiendo su momento, olvido la belleza y teme… Teme tanto que aniquila.
El camino circulante de un ente a otro carcajea ante la angustiosa vacuidad de los sentidos.
La miseria su cuna, su apellido: Lúpulo, su rey La Mierda; su piedra el diamante; aire su signo… El lema: ¡Has la guerra y jode al peón!
Mira a sus espaldas refugiado bajo las faldas anchas del siglo XXI. La derrota lo alcanzó antes de nacer, es la ceguera de su éxito. Besa en el llanto ergotizado con el jaloneo de los finos cabellos de Mañana, mientras Ayer atraviesa en rojo Siberia.
Habita en la mirada de cada uno de nosotros, pocos lo observamos, menos lo escuchamos, privilegiados los que al tacto perciben su textura, pero su sabor… Solo los cuerdos del encierro.
Yo le suprimo con el afán de un niño en sus preguntas, el sobreprotege su indiferencia, y reincidimos.
Hoy los cerrare y frente al espejo mirare sobre la pupila dilatada si en mi hombro su cabeza encontró paz.
Este es, si conoces el nombre…
¡ B I E N V E N I D O !
Has comprendido.