viernes, agosto 18, 2006

CAMAleón


Propala ignoracia total después de un vistazo sabio del opaco horizonte fulero. Da la vuelta sobre soledad y titubea, cada paso cautiva a los encuentros desdichados de su afortunado deceso.
Flaquea, lasciva es la tortuosa cognición de un alma vieja fulgurando pasiones admirables en la detestable joven. Embebecimiento primero, reprochable se condena. Pulcro final, absurdo, seco se desvanece.
El mundo esta perdiendo su momento, olvido la belleza y teme… Teme tanto que aniquila.
El camino circulante de un ente a otro carcajea ante la angustiosa vacuidad de los sentidos.
La miseria su cuna, su apellido: Lúpulo, su rey La Mierda; su piedra el diamante; aire su signo… El lema: ¡Has la guerra y jode al peón!
Mira a sus espaldas refugiado bajo las faldas anchas del siglo XXI. La derrota lo alcanzó antes de nacer, es la ceguera de su éxito. Besa en el llanto ergotizado con el jaloneo de los finos cabellos de Mañana, mientras Ayer atraviesa en rojo Siberia.
Habita en la mirada de cada uno de nosotros, pocos lo observamos, menos lo escuchamos, privilegiados los que al tacto perciben su textura, pero su sabor… Solo los cuerdos del encierro.
Yo le suprimo con el afán de un niño en sus preguntas, el sobreprotege su indiferencia, y reincidimos.
Hoy los cerrare y frente al espejo mirare sobre la pupila dilatada si en mi hombro su cabeza encontró paz.
Este es, si conoces el nombre…
¡ B I E N V E N I D O !
Has comprendido.

domingo, abril 30, 2006

CEreZA

Vamos por una cereza metáfora, prostituta de la retórica, hipócrita nocturna, parlanchina musa del encanto, ¿Será que te sabes de moda?

Aunque, ¿Qué es la moda? ¿El absurdo encuentro del olvido?...

Vamos por una cereza esquizofrenia mitómana. ¿Acaso… eventualidad… Tú miembro escucha lamentos mientras engulle el juicio barato del obrero jodido?

No hay escapatoria, lo inherente no enflaquece el conocimiento. Sorda de nacimiento, sólo la risa del conciente. Y que narrar del subconsciente, siempre tan metiche, como cuadernillo, se alarma ante tu intento de ignorar su cimbrado.

¿Extraviada? Vamos por una cereza, mientras el whiskey acompaña al egoísmo, ese estirado, cauto y exquisito, que seduce con abrir la lumbrera del cinismo.

Lastima que estés muerta, en este valle de cadáveres. Vamos por una cereza. Mientras las cenizas se acostumbran al aroma insipiente de la amargura al amanecer.

Quéjese lo que quiera, un vaso ya derrama mi sangre sobre el sudado protervo vientre de tu seca lluvia…

Vamos por una cereza. Que compleja vistes entintada de libertad. El tono libertino va con tus ojos.

¿Usas ingenio?... Recoge lo merecido, saca copias y pasa la noche velando tu soledad.

Vamos por una cereza. El panal podrido del ayer… Ya es hora… Me espera…

lunes, abril 17, 2006

nTc


Me gustaría yacer en el silencio del tiempo, en el espacio oscuro de un instante perpetuo, en el que tu mirada pudiera guardarse en mi pupila, tu mano nunca soltar; donde todo fuera un instante perpetuo, sin luz ni oscuridad, donde la nada y el todo conjugaran las palabras calladas de mi alma, en la que siempre serás el abismo inmortal de algo que llaman felicidad.
Tu sabes quien y porque; el donde, aun delira en el tal vez. He de nombrarte en sueños que no recuerdo, o quizás, eres sólo el misterio de un milagro que no sabe de causas y efectos, ni de estrategias, ni duelos. Ser la renuncia al cuerpo y el vuelo de mis miedos...
Tal vez, algún sitio, en un instante perpetuo...

jueves, abril 13, 2006

Z en la A

Un saludo a aquellos mortales, que suspiran aun por el aroma del pavimento mojado, en honor a la nostalgia de la tierra y su recuerdo lodoso.
Un abrazo a aquellos mortales, que temen aun más a su poder que a sus arrogantes y paralizadoras debilidades.
Un beso a aquellos mortales, que bañan de sudor su alma y disfrutan de hacer suya a cada neurona y no al pellejo que muere cada noche.
Felicidades a las pasiones mundanas, que aun brindan placer a esos mortales mediocres, por que han logrado acorralarlos y conformarlos.
Gracias por los condimentos que me brindan mortales, por que sin ellos, mi carne no sería deseosa y deliciosa. Saboreando tu derrota, me rindo agotada ante lo indispensable de mi sabiduría en tu vida.
Arrogante la que crees pocilga, vistazo infértil de tus sueños renunciados.
Besas la corriente de tu hoguera, cerradura miope, que te ata las manos y taladra tu voz.
Cambiado yace el horizonte paralelo al abismo del deseo sabio, rendido al sentido, no más a la sensación.
Viajando a través de mi superior y mi inferior... Si alguien me ve, salúdenme por mí.
Mi existencia es invisible a tu letargo visual. Suprímete de mi ausencia... Mi presencia... ¿Te conozco?