
Me gustaría yacer en el silencio del tiempo, en el espacio oscuro de un instante perpetuo, en el que tu mirada pudiera guardarse en mi pupila, tu mano nunca soltar; donde todo fuera un instante perpetuo, sin luz ni oscuridad, donde la nada y el todo conjugaran las palabras calladas de mi alma, en la que siempre serás el abismo inmortal de algo que llaman felicidad.
Tu sabes quien y porque; el donde, aun delira en el tal vez. He de nombrarte en sueños que no recuerdo, o quizás, eres sólo el misterio de un milagro que no sabe de causas y efectos, ni de estrategias, ni duelos. Ser la renuncia al cuerpo y el vuelo de mis miedos...
Tal vez, algún sitio, en un instante perpetuo...
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